“Son
las raíces las que hacen sufrir a los individuos: en nuestro mundo globalizado,
persisten a la manera de esos miembros fantasmas cuya amputación provoca un
dolor imposible de combatir, ya que afecta a una sustancia que ya no existe. En
vez de oponer una raíz a otra, un "origen" mitificado a un
"suelo" que integra y uniformiza, ¿no resultaría más ingenioso
recurrir a otras categorías de pensamiento, que por otra parte nos sugieren un
imaginario mundial en plena mutación?”
"Porque
los creadores contemporáneos ya plantean las bases de un arte radicante
-término que designa un organismo que hace crecer sus raíces a medida que
avanza. Ser radicante: poner en escena, poner en marcha las propias raíces en
contextos y formatos heterogéneos, negarles la virtud de definir completamente
nuestra identidad, traducir las ideas, trans-codificar las imágenes,
trasplantar los comportamientos, intercambiar en vez de imponer. ¿Y si la
cultura del siglo XXI se inventara con esas obras cuyo proyecto es borrar su
origen para favorecer una multiplicidad de arraigos simultáneos o sucesivos?”
(Radicante - Bourriaud)
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