viernes, 13 de noviembre de 2015

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“Son las raíces las que hacen sufrir a los individuos: en nuestro mundo globalizado, persisten a la manera de esos miembros fantasmas cuya amputación provoca un dolor imposible de combatir, ya que afecta a una sustancia que ya no existe. En vez de oponer una raíz a otra, un "origen" mitificado a un "suelo" que integra y uniformiza, ¿no resultaría más ingenioso recurrir a otras categorías de pensamiento, que por otra parte nos sugieren un imaginario mundial en plena mutación?”

"Porque los creadores contemporáneos ya plantean las bases de un arte radicante -término que designa un organismo que hace crecer sus raíces a medida que avanza. Ser radicante: poner en escena, poner en marcha las propias raíces en contextos y formatos heterogéneos, negarles la virtud de definir completamente nuestra identidad, traducir las ideas, trans-codificar las imágenes, trasplantar los comportamientos, intercambiar en vez de imponer. ¿Y si la cultura del siglo XXI se inventara con esas obras cuyo proyecto es borrar su origen para favorecer una multiplicidad de arraigos simultáneos o sucesivos?” (Radicante - Bourriaud)

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